Las secuelas de Mad Max: Furia en el Camino podrían ser canceladas

Después de haber estrenado la que quizá ha sido la mejor entrega de la franquicia llegaron muchos problemas tanto para el estudio como para el cineasta.

Mad Max: Furia En El Camino significó un gran logro para George Miller, pues con las primeras entregas protagonizadas por Mel Gibson a finales de la década de los años 70 y principios de los 80 no consiguieron el mismo impacto masivo inmediato que el filme protagonizado por Tom Hardy. La película estrenada en 2015 tuvo un largo camino antes de que llegara a la pantalla grande y todo parecía haber valido la pena al conseguir diez nominaciones a los Premios de la Academia y ganar seis estatuillas.

Tal fue el impacto de la película que los fanáticos comenzaron a pedir un spin-off de Furiosa, el personaje interpretado por Charlize Theron y que a decir verdad fue quien se llevó el aprecio de la audiencia en la película. Se sabe que Miller ya tiene dos guiones listos para ser filmados como secuela de esta entrega, pero no se sabe con certeza si uno de ellos sería la historia tan pedida por los fans sobre aquella poderosa y valiente mujer.

Pero hoy en día parece que la llegada de tales películas se ven cada vez más lejos, e incluso corren el riesgo de no realizarse. Todo esto como resultado de un conflicto del que se comenzó a hablar en noviembre del año pasado cuando el cineasta tomó la decisión de demandar a Warner Bros. por una supuesta falta de pago. George Miller aseguró que el estudio le debe alrededor de US$7 millones por todos los imprevistos que salieron antes y durante la producción de la película.

De acuerdo al artículo publicado en The Sydney Morning Herald, este caso se ha vuelto cada vez más conflictivo debido a que el director y el estudio no han dejado de echarse la culpa uno al otro por los gastos extras que surgieron. Los ejecutivos de Warner aseguran que la culpa es de Miller porque el costo final de la producción fue de US$185.1 millones cuando el presupuesto acordado era de US$157 millones, además acusaron al realizador porque en el contrato aseguró que la película sería clasificación PG-13 con una duración de 100 minutos, y la cinta fue clasificación R con una duración de 120 minutos incumpliendo con lo acordado.

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